miércoles, 4 de mayo de 2005

La Caja de Pandora

Las cajas para mudanza siempre tienen algo de particular. Para la mayoría, mudarse no tienen gran relevancia; en mi caso, cambiar de residencia (literalmente) era de cada rato. El tiempo que más tiempo duré en un lugar, fue año y medio, es decir, me residencia actual.

Como estudiante, han habido 5 mudanzas en las que he participado que han sido importantes. La primera, cuando llegué a la universidad. La segunda, cuando me cambie de Centrales al Nueve (mi primera asignación como Prefecto). La mudanza que le ayudé a Minerva a hacer para un amigo (definitivamente, una mudanza habla de las cosas que pasaron en algún lugar). La mudanza de Minerva cuando dejaba Monterrey. La última mudanza, es mi propia mudanza fuera de Residencias.

Mi mudanza comienza no sólo por las cosas que tengo actualmente en mi cuarto, si no por aquellas que tenía guardadas desde hace años (por lo menos desde el 2003). Hoy, llegó a mi cuarto una caja enorme, llena de apuntes de primeros semestre (quiénes saben cuándo comienzan mis primeros semestres, sabrán la antigüedad de esos documentos), libros que usé durante la carrera, mis agendas (lo mismo, tenía la primer agenda de cuando llegué a la universidad) y otros documentos.

Entre los documentos, estaban un acta de nacimiento (copia original, certificada), boletas de calificaciones de secundaría y reconocimientos de karate (sí, en algún momento hice karate y fui cinta verde). También había diplomas de asistencia a congresos y simposiums. Encontré los originales de "El Hispanito", revista que publicaba (yo era fundador, colaborador y editor de la misma), los libretos de todas las obras presentadas en Difusión Cultural, desde 1998 hasta 2000, incluso programas de la SAT. Encontré los recuerdos firmados de toda la gente que se despidió de mí cuando me fui del Hispano, cuentos a medio acabar qué escribí hace por lo menos 4 años, la fotografía de generación de la prepa (y quiero decir, toda la prepa), mi foto de generación de primero de secundaria, los libretos de las obras en qué he estado (La Zapatera Prodigiosa, La Casa de Té de la Luna de Agosto, La Noche Dividida, Educadas para el Silencio y Electra). Estaban las libretas de apuntes que use hasta 6to; a esas les arranqué las hojas donde había comenzado algún cuento, frase o idea.

En fin, fue toda una experiencia limpiar la caja de todas las porquerías que guardé por tanto tiempo. Creo que en su momento tuvo un significado guardarlas; pero no puedo llevarlas todas y seguir guarándolas. Me quedé con recuerdos breves y con las cosas que puedo continuar. Las cosas significativas.

Podría decirse que encontré cierto simbolismo en limpiar esa caja; es como tirar el pasado, para seguir adelante (uh?). Sí, soné muy moralista y motivasionista (¿existe esa palabra?), pero pues fue cierto, le perdí el amor a todas esas cosas que fueron, porque ahora quiero comenzar con esto que soy.

La Caja de Pandora era una caja que guardaba todos los males del mundo, que fue abierta por Pandora (porque era muy curiosa) y los dejó escapar. Acabo de dejar ir mi pasado y sus demonios; como siempre, algunos recuerdos agradables, otros, pues que bueno que se fueron.

1 comentario:

  1. Insisto...me cae bien tu blog...ameno, reflexivo, frecuentemente actualizado y con personalidad...señor Jerry, me parte el alma leer tan buena prosa de alguien que se nos va sin haberte podido tratar a fondo, mas por que la Papa te tiene estima, y el brother de un brother, pos merece ver si es brother, ¿no? :)

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